La tercera fecha de la Primera División A de la Liga Catamarqueña no será recordada por lo estrictamente deportivo. En el Malvinas Argentinas (cancha de Tesorieri), la pelota quedó en un segundo plano cuando la integridad física de un protagonista quedó librada al azar.
El encuentro entre Independiente de la Capital y Salta Central se encontraba en pleno desarrollo. A los 20 minutos de la primera mitad, Brandon Herrera ponía en ventaja al "Rojo" con un remate certero, marcando el 1-0 parcial. Sin embargo, el destino le jugaría una mala pasada al autor del gol.
Minutos antes del entretiempo, el propio Herrera sufrió una caída aparatosa que derivó en una fractura de clavícula derecha. Lo que siguió fue una escena que evidencia la precariedad de nuestro fútbol: el jugador tendido, el estupor de los presentes y una espera que se hizo eterna.
25 minutos de desidia
Lo alarmante no fue la lesión —un riesgo intrínseco del deporte— sino la respuesta logística. El protocolo de seguridad falló sistemáticamente:
La espera: Durante 25 agónicos minutos, el partido estuvo detenido aguardando una ambulancia que jamás arribó al predio.
La improvisación: Ante la urgencia y la falta de respuesta oficial, el jugador debió ser trasladado en un vehículo particular de un dirigente hacia el Hospital San Juan Bautista.

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